Hace un par de semanas, mi mejor amiga llegó asustada a mi departamento. Sin avisar, tocó la puerta, abrí, entró con urgencia y me dijo: tengo que contarte algo y necesito que me ayudes y que cierres la boca para siempre. Intrigado, respondí que sí, que sería una tumba.
Nos sentamos y comenzó su relato (que resumo así): Fue una noche de copas. Abrí el ojo y cual escena de película, me vi desnuda y con otra chica también desnuda junto a mi. Me quedé helada. Seguía borracha. Ella detectó que desperté y con una sonrisa se acercó y me besó. Respondí a su beso de manera inmediata. Me desconocía. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba? ¿Quién era ella? Llegaban a mi mente algunas imágenes que me encendían...éramos ella y yo besándonos, acariciándonos, tocándonos. El sol comenzaba a salir y ahí estaba yo, revolcándome con otra y teniendo orgasmos como nunca antes.
Reí y la abracé. No te rías, me dijo. Quiero que me cojas para saber si lo mío siguen siendo los hombres. Volví a reír. Volvió a decirme, no te rías. Al fin tu conchita va a ser mía! Le dije a modo de broma. Güey, me dijo, neta no sé qué hice, estoy súper confundida. Claro que sabes, respondí, te cogiste a una vieja y te gustó, tanto que seguro le chorreaste toda su cama. ¿Hasta qué hora estuviste con ella?, pregunté. Guardó un breve silencio y con una mirada pícara dijo: hasta las 3 de la tarde, mientras escondía su cabeza en mi hombro.
Los dos nos reímos durante largo rato. Para seguir el tono de la plática, continué: Así no tiene chiste cogerte. Conmigo te bajas los calzones por gusto y no por crisis. Además, ahorita seguro andas todavía pensando en el revolcón con esa chica. Aunque pusiera en escena mi mejor papel, seguirías pensando en la otra. Ella se rió y asintió. No, le dije, lo que necesitas es saber que lo que hiciste, lo hiciste porque tenías la inquietud. Lo que necesitas es aceptar que te gustó y no sentir ni un ápice de culpa, porque la pinche culpa es sólo un invento nuestro.
La verdad, me dijo, desde que me contaste tu experiencia algo se prendió dentro de mi y no he dejado de pensar en "qué pasaría si...". Bueno, pues ya lo sabes, le dije. Ahora te toca hacer lo que más te guste. Si quieres darte unos besos con esa chica y/o intentar algo más, hazlo. Si quieres revolcarte en mi departamento con ella, puedes hacerlo, sólo avísame, le dije.
Nos abrazamos.
Güey, gracias, me dijo.