viernes, 13 de julio de 2012

Se trata de unir.

He visto algunas campañas para frenar la discriminación. Unas me gustan, otras no. Sin embargo, las de GIVE A DAMN y NOH8, son las que me parecen más adecuadas por el contenido de sus mensajes.

Más allá de las creencias que se tengan, después de todo, se trata de vernos como humanos.

Discriminar lastima, separa y divide.

domingo, 29 de abril de 2012

¡¿Y el placer...?!

Hoy escribo esta entrada para hacer y hacerme algunas preguntas. En las últimas semanas he comentado con un par de amigos el tema de la bisexualidad y en ambas ocasiones hemos terminado hablando de poliamor (tema del que hablaré más adelante).

Ustedes podrán pensar lo que quieran, pero me parece que vivimos una época en la que seguir afirmando que el "sexo natural" es sólo entre hombres y mujeres, resulta insostenible. Y lo es porque quienes arguyen semejante argumento, olvidan que como seres, tenemos, además de la capacidad reproductiva propia del acto sexual que se da en una relación heterosexual, la capacidad ilimitada de sentir placer, independientemente de nuestro género. ¿O quién NO disfruta un buen cogidón?

El sexo es mucho, pero mucho más que mera penetración. Es justo la capacidad que tenemos de sentir placer y alcanzar niveles de éxtasis increíbles, lo que hace tan mágico este asunto. ¿O no han tenido un orgasmo de esos que dejan en blanco viendo estrellas teniendo sexo oral? ¿Y no han terminado "empapados" con sólo una buena dosis de besos y caricias? ¿Acaso no somos, mujeres y hombres, igualmente capaces de darnos las mismas caricias? ¿No somos capaces de abrirnos a nuestros propios cuerpos y comprender que las zonas erógenas no son sólo las genitales? ¿Dónde queda nuestra capacidad de sentir placer?! ¿Por qué hay quienes insisten en negarse a sí mismos tal posibilidad? ¿No les parece un poco lógico que cada vez que tenemos sexo y salimos con una sonrisa, es porque la sexualidad va mucho más allá que un conjunto de creencias cargadas de culpa y falsa moralidad?

Me parece que explorar de una forma sana las formas de placer que traemos de fábrica .-por así decirlo-, supone el comprender que somos más, mucho más que animales -que por cierto, son los únicos que SÓLO cogen para procrear-.

Propongo que aquellos que dudan pero tienen curiosidad, den un pasito y al menos expresen sus inquietudes. Me encantaría poder conocer mujeres y hombres que tienen ideas similares o, al menos, tienen el valor de preguntar si las ideas que han hecho suyas sobre el sexo, son realmente suyas o han sido imposiciones sociales que han asumido como posturas inflexibles.

Se trata de vivir. Se trata de experimentar. El viaje es la meta. Los tiempos ya cambiaron y están cambiando drásticamente. Dejemos de reprimir la vida, la persona, el espíritu o como quieran llamarle. Hagamos caso a nuestra propia naturaleza, que de animal, sólo tiene una parte.

Escríbanme (gabodoppel (@) ymail.com) o comenten esta entrada.

La invitación está abierta.

jueves, 23 de febrero de 2012

Mi vecina: toda una "casualidad".

Desde que me mudé al departamento en el que vivo actualmente, conocí a una de mis tantas vecinas. Una chica divorciada con dos niñas. Treinta y tantos cercanos a los cuarenta. Guapa. A pesar de conocernos, durante un buen tiempo no cruzamos más que algunos saludos de cortesía. -Buenos días, vecina; buenos días, vecino-. Por cosas de la vida, un día, hace cerca de tres meses, terminamos tomando un café y platicando durante un par de horas sobre nuestras vidas. A partir de ahí, nuestra relación pasó de ser cordial a gradualmente más cercana, hasta el pasado fin de semana, en el que ambos bajamos la guardia y abrimos el baúl de los secretos.

Fue un encuentro inesperado y sin expectativas, tal vez, por eso, increíble. Sus hijas con su papá, por tanto ella sin presiones. Platicamos durante horas. Nos contamos a detalle nuestras vidas, ideas, sentimientos, pensamientos y demás. Fui yo quien sacó el tema de la sexualidad y las preferencias, no con un afán de seducción, sino de reafirmación de quién soy o intento ser. Por alguna razón, sentía que debía contarle sobre mis ideas al respecto y, por supuesto, decirle: soy bisexual.

Ésta última fue la palabra mágica. Tan pronto salió de mi boca, ella tuvo una de esas incontrolables respuestas del inconsciente que la llevaron a contestar en automático: ¡yo también! Después de decirlo, su reacción inmediata fue taparse la boca, totalmente sorprendida por sus palabras, y soltar una carcajada que me contagió y nos llevó a reír durante largos minutos.

Le pregunté por qué había dicho tal cosa y me contó su historia: familia católica tradicional y conservadora, ella con inquietudes sexuales y sentimentales hacia otras chicas, pero también hacia otros chicos, y por supuesto, la culpa como elemento represor por excelencia. Antes de casarse, tuvo una relación secreta con una amiga suya. Las dos se veían en casa de ésta última, que normalmente estaba sola, y durante las tardes se besaban, tocaban y lamían sin que nadie tuviera la más pálida idea de lo que hacían.

Tiempo después, sus caminos se separaron y ella se enamoró de un chico con el que se casó, tuvo dos hijas y resultó ser un macho patán y mujeriego que le rompió el corazón.

Después de un rato de plática y algunas copas de vino, me dijo: tú y yo compartimos una realidad y saber tu historia me da una tranquilidad que no sentía desde hace años porque ya no me siento sola, es como si la culpa se fuera a la chingada.

De la historia que siguió, escribiré más adelante. Hoy basta (al menos para mí) reafirmar dos grandes lecciones: 1) no hay casualidades, ella necesitaba conocer mi historia para quitarse un peso de encima; y 2) la vida sin expectativas, es la verdadera vida.

He dicho.