Por dónde empezar. Verán, en todo este proceso de aceptarme bisexual, he descubierto cosas sobre mí que no dejan de sorprenderme. Hace unas semanas, mientras meditaba, llegó a mí la imagen de un viejo amigo con quien estudié desde la primaria y al que dejé de ver por años cuando salimos de la prepa y entramos a la universidad. Dije una imagen, pero debería ser un recuerdo y, también, una caída de veinte. En ese momento me di cuenta que él me gustaba pero que en aquellos años la idea de estar con un hombre no formaba parte consciente de mi realidad, así que ignoré por completo el hecho y lo mandé derechito al baúl del inconsciente.
Como me propuse hacer caso total e indiscutible a lo que siento y pienso, decidí buscar a mi amigo para contarle. Le escribí un correo y quedamos de vernos para echar unas chelas y recordar los viejos tiempos. La verdad, en ese momento no tenía contemplado más que hablarle de mí, de quién soy, saber de él, de lo que hace, y contarle que me gustaba cuando éramos púberes. A estas alturas, me importa poco lo que otros piensen de mí, así que creí que no pasaría de una anécdota más para él y que juntos nos reiríamos de ella.
Mi sorpresa fue descubrir que mi amigo era abiertamente gay, que duró años con su pareja y que tenía un par de meses que se habían separado. Más sorprendido quedé cuando le conté que lo mío era la vida bi, pero que él me gustaba en la secundaria, y él respondió que yo no sólo le gustaba, incluso le excitaba y que en aquellos tiempos se masturbaba pensando en mí. Uff! Sonará ridículo, pero me puse rojo como tomate y bajé la mirada instintivamente. Ja!
No haré el cuento largo. Saliendo del lugar, fuimos a su departamento. Nos besamos durante largo rato, nos desnudamos, abrazamos y tuvimos sexo durante el resto de la noche. Creo que, por primera vez, estuve con alguien a quien como yo, gusta de las caricias y no le corren prisas por llegar al final. Recuerdo muy bien sus manos acariciándome y sus labios recorriéndome. Suena cursi, pero recordar su tacto, me prende de inmediato. No hay duda que la calma en el sexo es una auténtica virtud.
Obviamente, amanecí junto a él. Durante buena parte de la mañana, seguimos abrazados envueltos en sus sábanas, disfrutándonos y recordándonos.
Fue genial!
¿Les ha pasado algo similar?

A mi me pasó algo bastante parecido.
ResponderEliminarConoces a un amigo en la universidad, y pasan los años, ninguno sabe que el otro es gay (o bi) y la cosa sigue y sigue, nos hacemos más amigos y llega un día, sale un tema de conversación especial y todo sale a la luz.
Llegado a ese punto te das cuenta que sientes algo más por la otra persona y que él siente algo por tí. Tuvimos una relación por un tiempo pero al acabar el curso cada uno siguió su camino...
Ojala me pase algo así de nuevo, son momentos que te cuesta mucho olvidar!
Un saludete